“Los rankings y certificaciones son la base para desarrollar cualquier ecosistema empresarial”

La esencia de todo este tema este proceso es la competencia, que palabra tan hermosa en el capitalismo, competir no es una palabra antipática, es una disputa entre personas, empresas, o cosas que aspiran a un mismo objetivo a la superioridad en algo.

Por Gonzalo Gómez Betancourt

Desde que inicié mi actividad profesional, y en especial la académica, he vivido de primera mano los llamados rankings y certificaciones. Al principio, en cada organización donde viví esta situación, existió una crítica abierta al sistema y además muchas insinuaciones en contra de la honestidad de las directivas que promovían los rankings y certificaciones; pero una vez se institucionalizaron y las organizaciones mejoraron, no existe nada mejor para desarrollar cualquier ecosistema que una sana competencia con criterios de evolución claros.

Hace tan solo unos días tuve la oportunidad de nuevo de vivir otro evento más en contra de los denominados rankings y certificaciones por parte de una persona que afirmaba que no solo eran “antipáticos” sino que cuestionaba los conflictos de intereses al ser evaluados por pares competidores. Su propuesta fue aún más sorprendente, al señalar que los fundadores de la institución que comenzaba a promover la evaluación no tuvieran necesidad de entrar en el ranking, señalando: “algún beneficio se debe tener de haber creado la institución”, ya que todos se conocían como actores del sector, por lo tanto, no era necesaria dicha evaluación. Sin embargo, a los nuevos participantes que llegaran sí se les debería pedir un formulario cumpliendo unos requisitos mínimos.

No es la primera vez que escucho ese tipo de afirmaciones en mi vida profesional, la verdad es que existen cientos de rankings y certificaciones a nivel mundial que han desarrollado muchas instituciones prestigiosas. Hace más de 25 años, en una universidad donde trabajé por muchos años, empezamos a participar en rankings y veíamos con molestia a aquellos que estaban en los primeros lugares de las universidades mundiales, siempre cuestionábamos los estándares que nos imponían los americanos y que no era justo entrar en una competencia tan dispareja donde habían increíbles presupuestos para investigación y una enorme cantidad de ingresos que recibían incluso por donaciones, que les permitían contratar profesores dedicados exclusivamente a generar conocimiento, nos sentíamos en una competencia como la de David y Goliat. No obstante, el mercado se fijaba cada vez más en la triple corona, es decir una universidad con la acreditación de las tres asociaciones internacionales más influyentes del mundo, EQUIS (Europeo), AACSB (Estadounidense) y AMBA (Británico), donde el objetivo era competir con los grandes del mundo. Como todo en la vida, los primeros pasos son los más difíciles, tuvimos que iniciar con lo básico, a formar doctores y que además publicaran temas de interés para los empresarios, todo esto sin presupuesto.  Sin embargo, se hizo y tuve la oportunidad de ser uno de los primeros doctores de esa universidad y además con publicaciones internacionales, y con ello poco a poco fueron llegando los reconocimientos de acreditación con el esfuerzo de unos pocos, ya que los sistemas internos no apoyaban la investigación, en ese entonces era algo más de tipo personal, la universidad estaba centrada en la enseñanza y no en la generación de conocimiento propio. En las grandes universidades del mundo su enfoque es diferente, se basa en la creación de conocimiento y en segundo plano su trasmisión a la comunidad empresarial. Por años, las discusiones internas entre los que insistían que eso de los rankings era una estupidez versus los que pensábamos que era algo inevitable, algo deseable y necesario para el desarrollo de la universidad, fueron una constante. Afortunadamente logramos poco a poco institucionalizar la cultura de la medición, ahora un profesor bueno “es aquel que descubre, que busca la verdad de su realidad empresarial, a partir del conocimiento creado por otros, que avanza en su disciplina, y además la sabe trasmitir al auditorio adecuado de la forma adecuada”.

A nivel empresarial he vivido un tanto de lo mismo, esta vez buscando las certificaciones ISO en diferentes empresas, recuerdo que en una firma donde buscábamos la ISO 9001, vivimos un gran problema al interior debido a que la organización debía formalizar sus procesos y procedimientos, y las personas más conscientes colaborábamos en todo lo que pedían los consultores de apoyo, mientras que otros intentaban boicotear a los consultores desde el mismo hecho de no hacer los procedimientos, las auditorías eran realmente una pelea interna, hasta que la alta dirección afortunadamente de acuerdo con obtener la certificación se puso al frente y prácticamente llamó la atención de un vicepresidente que estaba en contra de todo, desde que inició el proyecto, pero al final la razón primó sobre la tradición, y hoy en día esa empresa publica su certificación con orgullo porque es sinónimo de calidad. También he vivido otro tipo de procesos en otras empresas desde Great Place to work, EFQM, GRI, Gobierno Corporativo, etc. Todos tienen en su razón de ser la idea de que voluntariamente uno se debe medir con cientos de empresas, pues lo que no se mide no mejora, y después de comprenderlo a partir de someterse al escrutinio del implacable mercado, puede mejorar y desarrollarse.

La esencia de todo este tema este proceso es la competencia, que palabra tan hermosa en el capitalismo, competir no es una palabra antipática, es una disputa entre personas, empresas, o cosas que aspiran a un mismo objetivo a la superioridad en algoLo acabamos de ver en los juegos olímpicos, como la excelencia hace verdaderos maestros en su oficio, cada cual trabajando durante años demuestra lo mejor en una disciplina, competir es propio del ser humano, desde que somos pequeños lo tenemos en nuestro ser, esa energía en ser el mejor en algo, si es canalizada en un propósito como empresa, como país, gremio, organización, persona, desarrolla no solo al individuo sino a toda la disciplina en realidad.

En mi vida personal he competido con amistad con mis colegas, aprendí en España que la coopetencia entre los académicos era muy común, quienes se juntan para generar conocimiento y después compiten abiertamente en el mercadoNo obstante, el nivel de desarrollo de los países esta en sus integrantes, si una empresa u organización no se quiere auto-exigir y auto-medir, está destinada a fracasar. Bienvenidos los rankings para un capitalismo consciente, bienvenido para mejorar, lo antipático es no estar en ellos, si continuamos creyendo que el mundo se mueve a un ritmo lento que no compara, tarde o temprano nos dejará el tren, al no generar ventajas competitivas sostenibles, que usualmente las tienen aquellos que van a la vanguardia.

Ph.D – CEO Legacy and Management Consulting Group.